sábado, 18 de julio de 2009

Hilando Alternativas

8-Julio-2009 | ANA HELVIA QUINTERO

PROFESORA UPR

Hilando alternativas
La situación de estrechez económica por la cual atravesamos nos está obligando a repensar nuestras acciones y en ocasiones darles una nueva mirada. Esto a su vez apoya la solución de problemas que nos han acompañado por años. Por ejemplo, el alto costo de la gasolina promueve el comprar carros más económicos, que a su vez son menos dañinos al ambiente. En la educación ocurren situaciones parecidas, como la siguiente: la atención a estudiantes con rezago, cuyo problema muchas veces tiene raíces socioemocionales, se da por actividades fuera del horario escolar, en muchas ocasiones, sin relacionarse con la tarea diaria del maestro, ni en coordinación con el consejero o el trabajador social. La suficiencia de fondos permite que cada cual trabaje independientemente sin articular una solución que atienda la complejidad del problema. La necesidad ante la falta de recursos apoya el trabajo en equipo, lo cual a su vez respalda el que se trabaje en forma articulada con la diversidad de factores que inciden en la educación.

Recientemente tuve la oportunidad de ver en acción un ejemplo de la ingeniosidad, el trabajo en equipo y la solidaridad en un programa para desertores que se está desarrollando en Culebra, con muy pocos recursos económicos. La profesora Waleska Collazo, directora de la escuela elemental ecológica de Culebra, ha reunido un grupo de voluntarios que ofrecen clases a los jóvenes desertores al finalizar el día escolar: la bibliotecaria Sonia Arocho, que enseña español, las trabajadoras sociales Rosimar Vázquez y Tirsa Pérez, la enfermera del municipio, Ada Soto, quien enseña ciencias; María Ayala, también del municipio, enseña educación física. Se han creado vínculos con diferentes entidades que apoyan la atención de estos jóvenes. Así Nuestra Escuela (que atiende desertores escolares) los apoya ofreciéndoles orientación sobre estrategias para trabajar con los jóvenes desertores y les facilita los materiales educativos y los mecanismos para acreditar el trabajo de los estudiantes.

En el taller que ofreció Nuestra Escuela, sobre estrategias para el desarrollo socioemocional, los padres de los estudiantes desertores confeccionaron gratuitamente las comidas de los participantes. El Municipio ofrece el tiempo de las maestras de educación física y de ciencias y también brinda a los jóvenes trabajo de verano.

El Museo de Culebra brinda gratuitamente las clases de arte. Residentes económicamente pudientes de Culebra cubren los gastos para que los jóvenes tomen clases de navegación y buceo, y así desarrollen las destrezas para trabajar en Culebra, como convertirse en guías turísticos. Los comerciantes, a su vez, les ofrecen en las mañanas experiencias de trabajo. Entre todos apoyan la reinserción saludable de estos jóvenes a la sociedad.

Este programa hila el apoyo de la escuela, los padres, el municipio, las empresas, los residentes, en pro del desarrollo del estudiante. Ante la falta de fondos han creado un programa articulado que es ejemplo para todos. Ahora bien, estas alternativas que promueven el trabajo en equipo requieren que se repiensen los roles de trabajo, e inclusive se creen nuevas categorías. Por ejemplo, el trabajo en equipo requiere roles de coordinación y redes de enlace. Personas que estén mirando el todo y promoviendo las relaciones y conexiones. Trabajo que en el programa de desertores de Culebra realiza voluntariamente la directora Waleska Collazo, pero que en justicia debiera ser remunerado.

Es necesario que esta acción de enlace se dé también a nivel macro del gobierno. Así como en la educación interactúan una multiplicidad de factores, la solución tiene que integrar múltiples actores y relaciones. Es preciso, por ende, crear mecanismos y estructuras que apoyen y promuevan esta labor conjunta y articulada al abordar nuestros problemas. El hilar los mismos es en sí una tarea de mucha importancia

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